Franja de Gaza hoy.
Noviembre, 2025.¿Cómo se vive después del ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre de 2023 en Israel?
Recomendación general: Puedes leer este post en el dispositivo de tu preferencia, sin embargo, se aprecia mucho mejor en ordenadores y tablets.
Un día nefasto para el pueblo judío.
Cuando pienso en Gaza después del 7 de octubre de 2023, no lo hago como analista, ni como político, ni como experto militar; tampoco como periodista, porque no lo soy, ni siquiera sé cómo citar correctamente. Lo hago como una persona normal que ve las noticias, que se confunde, que se indigna por lo que pasa aquí o allá y que, al mismo tiempo, intenta sostener dos ideas a la vez:
- Lo que hizo Hamás en Israel fue un acto brutal e injustificable.
- La respuesta del gobierno de Netanyahu ha convertido la vida de millones de palestinos en una tragedia humanitaria casi imposible de describir.
En este texto intento caminar por una delgada línea —un jodido campo minado—: reconocer el horror del ataque del 7 de octubre de 2023 en Israel y, a la vez, mirar de frente el sufrimiento de los palestinos en la Franja de Gaza.
Antes de comenzar a desarrollar este tema, me veo a mí mismo sentado frente a un panel de tres profesores de postgrado en la Universidad de Los Andes, en San Cristóbal Venezuela, en 2018 quizá, intentando resolver una cuestión.
—¿Cuál será tu tema de tesis, Álvaro?
Yo: El conflicto entre Israel y Palestina.
La respuesta de los profesores no se hizo esperar.
Profesor 1: NO
Profesor 2: NO
Profesor 3: NO
Sus argumentos fueron que es un tema absolutamente difícil de abordar, en donde es híper complejo hacer un planteamiento del problema sin sesgos o hallar una solución. De hecho, estoy añadiendo este párrafo después de haber terminado lo que van a leer a continuación.
Así que como el meme de la lámina de Power Point que escribió un estudiante de facultad X, para presentar su trabajo en alguna escuela del mundo les digo lo siguiente.
“Agárrense de su asiento, porque en las siguientes 45 páginas yo hablaré sobre una cosa que yo mismo acabo de leer hace como una hora. Siéntese, cállese y disfrute de la experiencia que tuve al mezclar Red Bull con autodesprecio y mi don para hacer las cosas a última hora.”
La guerra actual no empezó “con Gaza”, empezó con un ataque de Hamás dentro de Israel. El día en que los medios comenzaron a difundir las imágenes de lo que pasaba al sur de Israel, mis ojos no daban crédito a lo que estaban viendo: varios bulldozers rompiendo la barrera que separa a Gaza del kibutz y, más sorprendente aún, un grupo de parapentistas palestinos cruzando la frontera por los aires al estilo de una película de Hollywood.
Ese día infame, los combatientes de Hamás también lanzaron miles de cohetes a territorio judío con la finalidad de saturar el llamado “Domo o Cúpula de Hierro” para crear mayor confusión y aturdimiento en los servicios de inteligencia, generando así un escenario ideal para entrar y atacar comunidades civiles y también a un numeroso grupo de jóvenes en un festival de música electrónica cerca de Re’im, al sur del país. Según los datos revisados por Israel y recopilados por medios internacionales, alrededor de 1.200 personas murieron en dicha incursión: civiles, niños, ancianos, policías y soldados.
Los testimonios hablan de masacres en varios kibutz: casas incendiadas con familias dentro, ejecuciones a corta distancia, violaciones y secuestros. En el festival Nova, a cielo abierto, más de 260 jóvenes fueron asesinados mientras intentaban huir a través de campos y carreteras.
No se trata solo de números: muchas de las víctimas eran personas que, irónicamente, apoyaban el diálogo con los palestinos, activistas que vivían cerca de la frontera e incluso árabes. Cientos de personas fueron tomadas como rehenes y llevadas a Gaza: ancianos, mujeres, niños, trabajadores migrantes. Al inicio se calculaban unos 250 secuestrados; casi dos años después, aún hay decenas de rehenes o cuerpos sin recuperar.
En este punto puedo agregar que en oriente medio y oriente próximo, grupos radicales pro-palestinos como Hamás en Gazá o Hezbolá en el Libano, gozan de la bendición de ciertos benefactores económicos, logísticos y militares que tienen como premisa borrar a Israel de la faz de la tierra, tal es el caso del régimen de Irán, corresponsables de la masacre de personas al sur del país.
Organizaciones como Human Rights Watch describieron lo sucedido en Israel como crímenes de guerra: asesinatos deliberados de civiles, torturas, secuestros, violencia sexual. No hay manera de suavizarlo: lo que hizo Hamás fue un ataque terrorista masivo, cruel y profundamente inhumano.
Haga clic aquí, aquí o aquí para ver algunas de las noticias de diferentes agencias sobre lo que sucedió ese día y a continuación, un ranking de los noticieros que mejor han cubierto este doloroso conflicto.
- BBC Mundo. 95%
- France 24 90%
- DW 85%
- CNN 80%
Este texto no pretende ser un artículo periodístico, solo quiero abordar dos realidades dolorosas: la brutalidad de Hamás y la tragedia humanitaria que hoy marca la vida de millones de palestinos.
La respuesta de Israel: guerra absoluta sobre una franja sitiada.
La reacción del gobierno de Benjamin Netanyahu fue inmediata: “declaración de guerra”; bombardeos incesantes sobre Gaza; bloqueo casi total de agua, electricidad, combustible y entrada de bienes; “cientos de camiones represados con ayuda humanitaria en el paso de Rafah, al sur de Gaza, frontera con Egipto”. Israel formó un “gabinete de guerra”, movilizó a cientos de miles de reservistas y definió objetivos amplios: destruir la infraestructura militar y de gobierno de Hamás, así como la liberación de todos los rehenes.
Sin embargo, Gaza no es un campo de batalla vacío: es uno de los lugares más densamente poblados del planeta, con más de dos millones de personas en una franja del tamaño de una gran ciudad. Los daños colaterales no se pueden evitar en un lugar con dichas características.
Tras meses de bombardeos, incursiones terrestres y asedio a los terroristas, Gaza no es más que un terraplén de destrucción total. Según cifras que he podido consultar en Reuters y AP, más de 67.000 palestinos han muerto desde el inicio de la guerra, casi un tercio de ellos niños, y la mayoría civiles según el Ministerio de Salud del referido lugar. Israel sostiene que decenas de miles de los fallecidos eran combatientes, pero incluso aceptando esa cifra, el número de víctimas civiles sigue siendo enorme. Y es ahí donde tenemos que plantearnos la pregunta: ¿es necesario llegar a tanto?
Es una pregunta muy difícil de responder. Mis ancestros son judíos, suelo ver con resquemor a Irán y sus “proxy”… persas y árabes radicales que solo ven en el mundo blanco y negro.
Hablar de Israel y Gaza es entrar en la paradoja del huevo y la gallina. Recuerdo que una vez estaba charlando con un amigo y me dijo: “la culpa de lo que pasa en Gaza es de los británicos por instalar a los judíos en tierras palestinas después de la Segunda Guerra Mundial”. A lo que respondí: “la culpa es de los romanos por instalar a los filisteos en esas tierras y llamarlos palestinos”. Otros dirían que la culpa es de los americanos por armar hasta los dientes a Israel… y un bucle de narrativas más simplistas o complejas que otras. Razón tenían mis profesores de postgrado cuando me dijeron: NO, NO, NO. Ahora concuerdo con ellos: ni siquiera las escuelas especializadas en estudios de Oriente Próximo y Oriente Medio logran llegar a un consenso teórico sobre la cuestión palestina.
Según Naciones Unidas y otras organizaciones de derechos humanos, Israel ha sido acusado de usar fuerza desproporcionada y de cometer posibles crímenes de guerra; incluso se han lanzado acusaciones formales de genocidio en contra del Estado y de su líder Benjamín Netanyahu, algo que el gobierno israelí niega con firmeza.
Tanques de guerra del ejército de Israel se preparan para una incursión terrestre en Gaza. Fuente: rtve.es
Gaza hoy: una vida entre ruinas.
No se necesita ser un periodista especializado en conflictos armados para entender que la Franja de Gaza no es precisamente el resort que Trump dijo —de forma sarcástica— que podrían construir allí en uno de sus post de redes sociales. Este infierno en la tierra no es más que una polvareda de terroristas caídos, pero también de miles y miles de inocentes a quienes sus vidas, y sus limitados sueños les fueron arrebatados por alguna bomba que cayó desde el cielo. Gaza es un lugar, en gran parte, inhabitable.
Reuters señala que casi 193.000 edificios han sido dañados o destruidos, incluyendo más de 200 instalaciones de salud y más de 1.000 escuelas. Solo 14 de los 36 hospitales siguen funcionando parcialmente.
Eso no es un simple dato técnico: significa que una madre que entra en trabajo de parto quizá dé a luz en una escuela, en una tienda de campaña o en el pasillo de un hospital sin luz. Significa que un niño con una infección que antes se habría tratado con antibióticos ahora puede morir por falta de medicamentos, camas, doctores o incluso agua potable. El bloqueo impuesto por Israel impide el ingreso de medicamentos la mayoría de las veces, y todo el sistema de salud es caótico e improvisado.
Medios como France 24, citando a agencias de la ONU, hablaban ya en octubre de 2023 de una “catástrofe humanitaria sin precedentes” en Gaza: falta de agua, combustible para las plantas eléctricas, basura acumulada en las calles y hospitales saturados.
Casi dos años después, la situación no es mejor: la ONU y otras organizaciones humanitarias hablan abiertamente de hambruna en Gaza City y sus alrededores, con niños sufriendo desnutrición aguda y familias sobreviviendo con muy poca comida al día. La forma de vida en términos de nutrición en la Franja es comparable a la de Haití y los países más pobres de África.
Medios occidentales de comunicación como BBC y CNN, han difundido reportes donde se explica que el Programa Mundial de Alimentos se ha quedado sin comida en algunos momentos y que la mitad de la población enfrenta niveles “catastróficos” de hambre.
Vivir en Gaza ahora mismo significa hacer fila por horas para poder conseguir un paquete de harina, algunos víveres o medicamentos; “significa no morir en el intento“, pues se han dado casos en donde la desesperación por comida llegó a tal nivel, que se formaron trifulcas para saquear camiones con ayuda humanitaria. “El ejército usó munición real para disuadirles“. Si después de sendos obstáculos, logran obtener algo, deben procurar no ser robados por otros civiles palestinos o por terroristas de Hamás producto del hambre.
Vivir en la Franja de Gaza al día de hoy, es tener que hervir agua sucia para beber; es vivir con el corazón acelerado cuando se escucha el sonido de un avión o un dron, pues no se sabe si lo que queda de sus edificios, sus barrios o sus hogares será el siguiente objetivo de un piloto que sigue órdenes.
Para mi queda claro que todo ese infierno que viven los palestinos se debe en parte a la mano negra del régimen tiránico, arcaico, paranoico y psicópata de los ayatolás en Irán, los culpables modernos de semejante catástrofe.
Ataque aéreo en la franja de Gaza. Fuente: rtve.es
Enfermedad, miedo y agotamiento
La guerra no solo está matando con drones, metralla y bombazos. Según un reporte que tuve la oportunidad de leer en The Lancet Infectious Diseases sobre las condiciones de salud en la Franja, se evidencia que en Gaza se ha disparado la presencia de bacterias resistentes a antibióticos debido a la destrucción del sistema sanitario, el consumo de agua no potable y las condiciones de hacinamiento que son un caldo de cultivo perfecto para la transmisión de enfermedades como diarreas severas, infecciones respiratorias y otras dolencias “sencillas” que terminan por convertirse en sentencias de muerte, sobre todo para niños y ancianos.
Más de la mitad de los hospitales no funcionan. Los doctores operan sin anestesia suficiente; no hay analgésicos, el material quirúrgico es escaso y la electricidad casi nula. Sumado a esto, es natural que exista un impacto psicológico severo en la población: niños que han perdido a toda su familia tras una incursión terrestre o un bombardeo; padres que cargan la culpa de no haber podido proteger a sus hijos; adolescentes llenos de resentimiento contra sus vecinos del este por circunstancias históricas y actuales…
No hace falta tener un máster en psiquiatría para intuir lo que allí se vive y entender que esta guerra solo seguirá alimentando la animadversión ya existente contra los judíos.
Para leer la publicación de “The Lancet Infectious Diseases” en inglés puede hacer clic aquí.
La guerra contra Hamás ha causado un daño colateral tan grande, que el palestino promedio se ha visto obligado a moverse del punto A al punto B de forma constante. Es casi imperativo vivir con una bolsa en las manos para intentar transportar lo esencial y dejar el resto atrás.
Según informes de la ONU, desde que inició la guerra en Gaza, más del 90% de la población ha tenido que cambiar de ubicación —”escapar”— al menos una vez: primero del norte al sur; luego de un campamento a otro, y así sucesivamente, intentando vivir. “Si a eso se le puede llamar vida”.
A estos movimientos de civiles en masa se les conoce como “desplazamiento forzado” según el derecho internacional; este hecho constituye un delito grave en contra de los DD.HH. Casos similares se han documentado en países de África, Haití y Colombia, por mencionar algunos ejemplos.
Los palestinos se han visto obligados a caminar durante horas y a veces, durante días con sus familias —o lo que queda de ellas— bajo bombardeos, para llegar a zonas que supuestamente eran “seguras”… y que luego también fueron atacadas. Hay incursiones documentadas en el sur de la franja, cerca de la frontera con Egipto, solo basta una simple búsqueda en YouTube o cualquier medio de noticias para darle una probadita a este horror.
Con esta forma de vida, todo se reduce a intentar estar lo más lejos del próximo ataque.
Palestinos cargando un saco de harina en un carrito de supermercado entre ruinas. Fuente. abc7.com
Entre la seguridad de Israel y el castigo colectivo
El gobierno de Netanyahu insiste en que la ofensiva es necesaria para destruir a Hamás y evitar que el 7 de octubre se repita. Los terroristas de Hamás poseen una red de túneles camuflados en áreas civiles, hospitales, escuelas y lugares donde, según las leyes internacionales, un país no debería atacar. Espacios construidos con la bendición iraní, pero también con materias primas de ayuda humanitaria procedentes de la UE.
Para poner un poco más en contexto: la Unión Europea envió cilindros metálicos y tuberías destinadas a construir redes de agua potable para centros hospitalarios, escuelas e infraestructura esencial en Gaza. Sin embargo, al caer en manos de Hamás, “disfrazados de movimiento político”, fueron convertidos en lanzaderas de cohetes artesanales, ductos de ventilación, redes de suministro eléctrico y de agua con las que se abastecen los escondrijos al servicio del terrorismo. Una suerte de ciudad debajo de otra ciudad donde pueden ocultar comandos armados, rehenes y armamento.
La guerra, aunque cruda, nos hace ver las cosas desde diferentes ventanas, ya que un alto al fuego “prematuro” dejaría viva a la serpiente que es Hamás. Sería deshonrar la memoria de las personas que fueron masacradas el 7 de octubre de 2023, de los rehenes y de sus familiares. Muchos israelíes —especialmente los que viven cerca de Gaza o han perdido seres queridos— defienden las acciones bélicas emprendidas por el primer ministro Netanyahu.
Desde el lado palestino —y desde buena parte de la comunidad internacional— la imagen es otra: una población entera castigada por los crímenes de un grupo armado. Líderes de la ONU han descrito la ofensiva como “moral, política y legalmente intolerable”, acusando a Israel de usar el bloqueo sistemático de alimentos, agua, combustible y medicinas como armas de guerra.
Naciones Unidas y organizaciones como Human Rights Watch sostienen que estas acciones políticas y militares constituyen crímenes de guerra y genocidio, algo que se niega desde el lado judío.
Así es como se ven Israel y la Franja de Gaza en un mapa actual. Fuente: El País.
Duele decir que una parte del mundo ve una guerra de autodefensa, y la otra solo puede ver un castigo colectivo desproporcionado; narrativas que dan para mil debates, y no falta quien las argumente. Lo grave —al menos para mí— es que, en medio de estos discursos, están los civiles que solo quieren vivir en paz, tanto en Israel como en Gaza, incluso en Cisjordania. Pero no hablaré de ello aquí.
Quitando los discursos políticos y los titulares de los tabloides occidentales más prestigiosos, la vida en Gaza se puede resumir en escenas desgarradoras como:
- Una madre sobrediluyendo leche en polvo en agua para poder alimentar a su bebé, “ella no sabe cuándo podrá conseguir una bolsa nueva”.
- Un padre que hace fila toda la noche para conseguir un poco de pan o combustible y así poder cocinar.
- Niños que estudian entre ruinas, con cuadernos que se mojan cuando llueve porque ya no hay techo.
- Familias que tienen que caminar largas distancias con cubetas de agua sin saber si esta es potable o no.
- Médicos que deciden a quién conectan al único respirador disponible.
- Camiones con ayuda humanitaria represados en el paso de Rafah, al sur de la Franja.
- Un gobierno egipcio que se niega rotundamente a dar asilo, protección o establecer campos de refugiados al noreste de su país, pues consideran que abrir esta puerta, sería albergar terroristas camuflados entre civiles. Es triste, pero los egipcios también deben cubrir sus espaldas y mantener un estatus quo con Israel.
Las cicatrices de una guerra que parece nunca acabar. Fuente: France 24.
France 24 y BBC, por mencionar algunos medios que han cubierto el conflicto, han mostrado imágenes de vecindarios enteros reducidos a escombros, personas caminando sobre ruinas, buscando restos de fotos, juguetes, ropa o cualquier fragmento de su vida anterior. He visto entrevistas de madres que explican cómo sus hijos ya no lloran cuando hay explosiones, porque viven en un estado permanente de shock. Y aunque no es el único lugar del mundo donde esto ocurre —pues basta echar un ojo a los conflictos africanos para entender que la situación allí no es menos grave— no deja de ser algo triste y descorazonador.
Así es “cómo se vive” en Gaza después del 7 de octubre: con miedo, con hambre, con duelos, pero también con una especie de resistencia silenciosa: cocinar algo con lo poco que hay, enseñar a los niños a leer aunque no haya escuela, rezar, escribir, compartir lo poco que tienen.
Del otro lado de la frontera: el trauma israelí que no desaparece
Sería injusto hablar solo del sufrimiento de los palestinos y olvidar que el 7 de octubre de 2023 dejó una huella profunda en la sociedad israelí, muy al estilo de los ataques de Al Qaeda el 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. Las familias siguen cargando el luto y la ausencia de quienes fueron asesinados ese día. Hay comunidades enteras que fueron evacuadas y que no saben si algún día volverán a sus casas cerca de la frontera.
Los parientes de los rehenes viven en una especie de limbo emocional: no saben si sus seres queridos aún viven, si están muertos o heridos. Muchas de estas personas se aferran a la esperanza de tenerlos de vuelta durante los intercambios de prisioneros palestinos por rehenes. Para desgracia de muchos, solo han terminado recibiendo los cuerpos de sus familiares que murieron en cautiverio. En una situación de semejante estrés, nadie tiene la certeza de qué pasará con sus hermanos, hermanas, hijos, cuñados, tíos, esposos, etc.
Aunque Estados Unidos haya intervenido para intentar retornar cada uno de los rehenes a sus casas, no existe la certeza de que esto se pueda materializar con un final 100% feliz, especialmente cuando negocias con alguno de los proxy de Irán. Para estos psicópatas de la “teocracia”, los rehenes no son otra cosa que moneda de cambio.
Para los israelíes, la vida tampoco volvió a ser normal: las sirenas, el miedo a otro ataque, la sensación de que el Estado falló en protegerlos. Para ellos, cada crítica internacional a la ofensiva en Gaza puede sentirse como una minimización del horror que vivieron, una falta de consideración y de respeto por los crímenes de los que fueron víctimas.
En resumen, puedo decir que es muy fácil “escoger un bando u otro” desde la comodidad de nuestros sillones, consumiendo noticias, análisis y opiniones políticas que solo alimentan nuestro enfoque sobre la situación. Yo mismo rechazo categóricamente a Hamás, a Hezbolá, al régimen iraní, a los grupos islamistas que causan terror en Medio Oriente, los recientes baños de sangre en África, guerrilleros y paramilitares en Colombia por citar ejemplos. En el caso que atañe a esta entrada, rechazo también el rastro de muerte que deja una incursión terrestre o un bombardeo en Gaza. Mi lógica es: la vida de un niño israelí vale lo mismo que la vida de un niño palestino.
Contrastar estas verdades al mismo tiempo resulta incómodo, pero necesario:
- Sí, el ataque del 7 de octubre por parte de Hamás fue un crimen atroz e injustificable.
- Sí, la respuesta del gobierno de Netanyahu ha desencadenado el sufrimiento masivo de la población civil atrapada en la Franja.
Y es que reconocer una cosa no borra la otra. Y así pues, concluiré este post con la misma pregunta con la que lo comencé a escribir.
Franja de Gaza: ¿cómo se vive después del ataque terrorista de Hamás el 7 de octubre en Israel?
Se vive —si es que a eso se le puede llamar vivir— entre ruinas físicas y emocionales.
Se vive con miedo a que el siguiente bombardeo sea el último.
Se vive con hambre, con enfermedades que antes eran tratables, con familiares enterrados en fosas comunes e improvisadas.
Se vive con una mezcla de rabia, tristeza y cansancio que no sale en algunos titulares.
Y, al mismo tiempo, se vive con gestos pequeños de dignidad: compartir un trozo de pan, cuidar a los vecinos, seguir educando a sus hijos, etc.
Desde el otro lado del mar, nosotros —personas comunes, sin poder de decisión sobre ejércitos ni gobiernos— solo podemos intentar desconfiar de la propaganda que deshumaniza al otro, apoyar iniciativas humanitarias y no perder la capacidad de empatizar con todas las víctimas, no solo con las que se parecen más a nosotros.
Porque, al final, más allá de banderas, ideologías y fronteras, la pregunta más honesta que podemos hacernos no es quién “tiene razón”, sino cuántas vidas estamos dispuestos a sacrificar antes de aceptar que ninguna causa justifica la destrucción completa de un pueblo.
A continuación una galería de 8 fotos del conflicto, en la parte superior veras 4 fotos que atañen a los israelíes afectados por el ataque de Hamás mientras que en la parte inferior verás 4 fotografías de las afectaciones causadas en Gaza como consecuencia de la guerra.
Las dos caras de una moneda del horror en imágenes
Galería de imágenes e instantáneas en algún lugar, en algún momento.
Mi Blog
Una ventana personal de relatos, análisis y opiniones que abarcan diferentes cuestiones sobre viajes, películas, música y cosas de carácter más serio que buscan conectar e inspirar a otros.
Mi vida y el Clonazepam.
Mi vida y el clonazepam.
En las primeras 5 entradas que he subido a este blog, me he dedicado a postear temas relacionados con: futbol, viajes, música, películas y geopolítica. Hoy dedicaré este post a la salud mental, “mi salud mental”.
Para poder hablar a título personal sobre este tema, tengo que hacer una catarsis retrospectiva; quizá, de esta manera, pueda justificar por qué rayos tengo una relación tan particular con este medicamento.
The man in the high Castle.
Lo primero que tengo que decir sobre este post es que lo escribiré con guantes de seda, a fin de evitar cualquier spoiler que pueda arruinar la curiosidad de aquellos que quieran darle una oportunidad a esta especie de drama. Dicho lo anterior, la primera vez que me topé con The Man in the High Castle, serie basada en la novela de Philip K. Dick, no fue por recomendación ni por casualidad. Simplemente me encontraba haciendo zapping dentro de mis plataformas de streaming y encontré esta joya de “historia ficción y distopía”.
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¿Qué le pasa al United?
Desde la salida de Sir Alex Ferguson, el Manchester United vive una más de una década de trofeos escasos, desorden y días de decadencia.
En esta entrada estaré platicando y analizando de forma cronológica, cómo las decisiones erróneas de los Glazer, la inestabilidad técnica y la mala gestión de Sir Jim Ratcliffe han llevado al club más grande de Inglaterra a su peor crisis moderna. Un divorcio de nuestros días de gloria.
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