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¡Viva México, cabrones!

Septiembre, 2025.

Este post se llama "¡Viva México, cabrones!".

Recomendación general: Puedes leer este post en el dispositivo de tu preferencia, sin embargo, se aprecia mucho mejor en ordenadores y tablets.

Y vaya, ¡viva México, cabrones!, una frase hecha que habrá pasado de generación en generación y que para mí tiene una connotación especial, pues mi relación con las personas de este país siempre ha sido excepcional: una relación de 5 estrellas, de 10 puntos, ¡una relación de poca madre!

Recientemente he tenido un viaje corto de 7 días a la Ciudad de México y hablaré un poco de esa experiencia, pero antes quiero platicar de cómo, o por qué razón, mi relación con los mexicanos ha sido tan maravillosa.

Hace unos 10 años, mal contados, fui el protagonista de una “vil ratada” en los Estados Unidos. Mi mente se nubla, mis intestinos se retuercen de solo recordarlo, me lleno de odio total y absoluto; sin embargo, en medio de ese proceso de dolor, conocí a unas personas de México en alguna iglesia católica. Recuerdo que estaban tocando algunas canciones en medio de su ceremonia religiosa y tenían a dos jovencitas tocando la percusión; lo hacían de corazón, pero sin talento ni oído musical, jaja.

Teniendo un poco de música en mis venas, rompí el hielo y me acerqué a Fito, un servidor de la comunidad que cantaba y tocaba la guitarra y piano en esta iglesia, y me presenté: “Hola, soy Álvaro, estoy de paso en la ciudad, sé tocar la percusión y me encantaría unirme a ustedes”. La música religiosa no es precisamente mi género favorito, pero en ese momento yo necesitaba eso.

Fito me introdujo con sus amigos, mexicanos con los que conecté de forma inmediata, gente que compartió sus historias conmigo a cambio de nada, solo amistad.

Germán, por ejemplo, llegó a ese país como muchas otras personas lo han hecho: en busca de un mejor futuro. Él me manifestó haber estado perdido en el desierto por tres días, sin agua, en peligro y sin recursos. Fue capturado por la patrulla fronteriza, quienes, de una u otra forma, le salvaron la vida. Estuvo 6 meses en prisión y pagó una fianza de 7.000 dólares para salir de allí con un estatus de protección temporal: 7.000 grandes, más otros 3.000 que le había quitado un coyote para cruzarlo del otro lado de a frontera. Vaya forma de viajar esta.

El caso es que estas personas, de muchos nombres y muchas historias detrás, me recibieron en su grupo de la iglesia y solían charlar conmigo, estar al pendiente de mí cuando estaban fuera de su jornada de trabajo. Para mí era perfecto, porque tenía lo mejor de dos mundos al alcance de mis manos: yo vivía con norteamericanos y aprendía de sus costumbres, y en mis ratos libres iba a tocar la percusión con mis nuevos amigos.

Mi paso por Estados Unidos fue fugaz, unos 5 meses aproximadamente, porque no tenía ni tengo razones nunca para violar la ley migratoria de ningún país. La fecha de retorno a Colombia coincidía más o menos con la víspera de mi cumpleaños; le comenté a uno de estos amigos: “¡Cumplo años la otra semana!”, y lo dejé ahí. Pues bien, este buen hombre se encargó de regar la voz con el resto del grupo y organizaron una gran celebración en mi nombre.

El 27 de enero de 2016 recibí la fiesta de cumpleaños más grande que haya tenido en la vida. Es absurdo la cantidad de comida que había en ese recinto: unas 10 mesas llenas de diferentes tipos de platos, y vaya que los mexicanos sí saben comer. Ni siquiera mi familia organizó nunca algo tan grande en mi honor.

La guinda del pastel llegó al final de la noche: cada uno de ellos, al despedirse, se acercaba a mí y me dejaba un billete que nunca pedí. Nunca les di motivos para pensar que yo necesitaba dinero; de hecho, yo viví como un rey durante esos 5 meses con una familia de norteamericanos de estrato alto, y aun así me dejaron un poco más de mil dólares en efectivo como regalo. Con algo de vergüenza, les insistí que no era necesario que me regalaran dinero, e igual me hicieron tomarlo.

Cuando me fui a marchar, Fito y su esposa me preguntaron si necesitaba algún tipo de ayuda. Otros me decían que me quedara viviendo en Estados Unidos, pero yo les dije que no podía hacer eso: quedarme de ilegal sería como vivir preso en un país, y yo solía viajar bastante. Tampoco tenía intenciones de iniciar procesos de asilo político basados en mentiras en ese país ni nada por el estilo.

  • Lugares Turísticos 90% 90%
  • Comida 70% 70%
  • Gente 85% 85%
  • Actividades 80% 80%

“Fito me introdujo con sus amigos, mexicanos con los que conecté de forma inmediata, gente que compartió sus historias conmigo a cambio de nada, solo amistad”.

Viaje a Ciudad de México.

Se dice mucho en redes sociales y televisión que los colombianos somos mal recibidos en México por las autoridades migratorias, que es difícil viajar allí en términos logísticos y burocráticos. En principio me asusté porque el pre-registro migratorio parecía algo complicado, pero ahora puedo decir que es algo que se llena casi solo, siempre y cuando tengas tus boletos de ida y regreso a Colombia, tus reservaciones de hotel y un itinerario de viaje.

Al llegar al Aeropuerto internacional Benito Juárez, mi esposa y yo fuimos atendidos por una señorita, quien nos hizo las preguntas de rigor para la entrada a ese país. Le dije que estábamos tomando unas vacaciones y que, adicionalmente, estaba allí para ver el concierto de la gira Oasis Live’25“. Me pidió el boleto del evento, el cual tenía impreso, más los tiquetes de salida del país infortunadamente imprimí de forma errónea, pues tenía dos veces los boletos Bogotá–Ciudad de México. Me puse muy nervioso porque pensé que había metido la pata para toda la vida y no nos dejarían entrar por mi culpa; la app de la aerolínea tampoco me abría en el momento, pero, aun así, la joven agente de migración fue muy amable y entendió que no teníamos intenciones ocultas para permanecer en su país, y nos permitió el ingreso sellando nuestros pasaportes.

Nos hospedamos en un lindo lugar a dos kilómetros del Zócalo: el Sky Towns, en la Avenida Insurgentes; un edificio con todas las comodidades y amenidades posibles. Mi estadía en Ciudad de México estuvo marcada por la expectativa del concierto de Oasis, visitas a una lista de sitios de interés, el miedo a la lluvia y una especie de infección en mis pulmones que, al día de hoy (23-09-2025), no ha parado.

Visita al monumento de la Revolución desde el balcón de mi ventana en Sky Towns Insurgentes.

La primera cosa que hicimos al llegar al Airbnb fue descansar un poquito e ir a explorar la zona en busca de comida. No caminamos más de dos cuadras cuando aparecieron los primeros puestos ambulantes de tacos. Paré a comer en el más pequeño, en el más feo, en el más humilde. ¿Por qué lo hice allí? Pues porque sí: porque el señor que los preparaba a mano desnuda lo hacía con esmero y los locales paraban a comer allí; un señor de unos cincuenta y tantos, quizá sesenta años, que debería estar descansando en casa y todavía está echándole ganas a la vida. Pues me he echado unos 8 tacos por 78 pesos mexicanos, unos 5 dólares, más o menos. Es gracioso porque casi podía reflejarme en la grasa de lo que me estaba comiendo y, aun así, lo hice con el mayor de los gustos del mundo.

Al día siguiente tuvimos un “Free-walk” con un guía turístico, quien nos habló sobre la historia de las áreas que íbamos visitando. Me impresionó mucho el altar de la Catedral Metropolitana, el cual está enchapado en oro. Nos platicó sobre las ruinas halladas en el centro de la ciudad y el hecho de que las construcciones modernas en los alrededores se encuentran edificadas sobre lo que alguna vez fue una gran laguna que fue secada a propósito en tiempos de la conquista española.

Me emocioné mucho al ver el Palacio de Bellas Artes (Teatro Nacional), uno de los lugares más icónicos de este país, por donde han pasado artistas de la talla de Juan Gabriel, Luciano Pavarotti, Joan Manuel Serrat, entre otros. Ya por la tarde fuimos a la zona de Coyoacán para visitar la Casa Azul de Frida Kahlo; fue una experiencia que mi esposa siempre quiso tener y estuve feliz de acompañarle. Visitamos el mercado de artesanías local, donde compramos algunos souvenirs; tomamos el almuerzo en un restaurante italiano —que estuvo increíble— y luego se me ocurrió la idea de ir a Plaza Carso, un centro comercial en el barrio de Polanco, una de las zonas más exclusivas de la ciudad.

Foto del ángel de la independencia. Fuente: pexels.com.

Debido al tráfico de la ciudad, a la hora en que decidimos tomar el Uber hacia este lugar (cuatro y pico de la tarde, más o menos), nos tomó al menos una hora y media llegar a nuestro destino, pero valió la pena para mí, pues allí visité el Oasis Fan Store de CDMX, donde hicimos un montón de compras que me alegraron el día y explotó por las nubes nuestras tarjetas de crédito.

En los días posteriores, visité el Bosque de Chapultepec y el Museo Nacional de Historia, que está justo en la cima del bosque. Es un lugar que toda persona que visite Ciudad de México debería explorar: sus vistas panorámicas, su pulcritud y su relevancia histórica lo hacen el sitio perfecto para pasar una buena tarde cargada de cosas nuevas que aprender.

Foto tomada en uno de los murales del Museo Nacional de Historia, también conocido como Castillo de Chapultepec. — Elegí esta foto, porque ese mural a mis espaldas es la portada de uno de los discos de Rage Against The Machine “The Battle of Mexico City”.

Una de las cosas que me sorprende de este país es que todo lo relacionado con la movida cultural tiene precios muy asequibles: entradas de entre 5 y 10 dólares, pero no más de eso, otros lugares tienen accesos gratuitos. La comida es muy deliciosa y hay para todos los presupuestos: yo fui por los tacos de 8 X 5 dólares, pero también entré a un par de restaurantes de copetín; recomiendo ampliamente visitar el Café de Tacuba en el centro de la ciudad, tuve una experiencia que realmente valió la pena, es difícil de explicar con palabras la atmosfera del lugar.

En todos estos lugares fui tratado con respeto y con cariño. En este punto es necesario hacer énfasis en ello, ya que los medios de comunicación llevan un tiempo vendiéndonos la idea de que en México odian a los turistas por el fenómeno de la gentrificación. Sin embargo, en mi caso no hubo un solo episodio que sugiriera que allí se me estaba tratando de forma inadecuada o que estaban inflando los precios por el hecho de ser colombiano, etc.

Por favor, si algún día visitan CDMX, no dejen de visitar la Biblioteca Vasconcelos. ¡Qué lugar tan impresionante! Yo no sé nada de arquitectura, pero este lugar es como una gran nave, con unos cuatro pisos repletos de libros en un tipo especial de estantería que no sé cómo describir con palabras; parece una escena sacada de la película “Inception”. Si alguien es amante de la fotografía y de los libros al mismo tiempo, de seguro podrá tomar allí unas buenas instantáneas para la posteridad.

Foto tomada en la Biblioteca de Vasconcelos.

En principio solo usé el servicio de Uber para moverme de un lugar a otro. Cuando agarré un poco más de confianza, me acerqué a una estación de Metrobús, que funciona con una tarjeta especial de transporte urbano, como las que hay en Colombia, Panamá, Argentina y diferentes países. Le pregunté a un oficial de policía si podía pagar el viaje con mi tarjeta de crédito o débito y, mientras estaba haciendo la pregunta, se acercó un hombre y me dijo: “Ven, yo pago tu viaje con mi tarjeta”. Le respondí agradecido: “¿Cuánto te debo?”. Me dijo: “No me debes nada”.

El pasaje cuesta 6 pesos mexicanos, unos 33 centavos de dólar. Más adelante, en otra estación, estaba intentando pagar un nuevo viaje con mi tarjeta de débito y vino a mi una persona y me regaló una tarjeta de pasajes: solo necesité ponerle saldo y ya para poder moverme en el sistema de transporte público.

¡Joder, que fueron y son amables! Que nadie nunca me diga lo contrario, porque me enojo.

 

Foto del Estadio GNP Seguros. Fuente: Wikipedia.

Entre los sitios que tuve la oportunidad de visitar estuvo el antiguo Foro Sol —hoy Estadio GNP—. Desde el avión se ve como la tribuna de un estadio más; sin embargo, al llegar a ese recinto descubrí que es una estructura gigantesca capaz de albergar a 65.000 personas. Nunca había estado en un autódromo en mi vida: eso fue nuevo para mí, nuevo y fascinante. Vi el show de Oasis el sábado 13 de septiembre de 2025, pero no quiero dar muchos detalles sobre ello en este post, aquí me interesa más platicar sobre la camaradería y hermandad entre las personas que allí se encontraban y con las que coincidí durante mi viaje

Fui unas tres veces a un lugar que se llama Mercado de la Ciudadela. Mi esposa y yo trajimos un bolso repleto de artesanías para nuestra casa; venía un poco asustado en el vuelo de regreso porque todo lo que venía allí era de vidrio. Afortunadamente, nada se rompió. Este mercado es un lugar con precios incluso más asequibles que el que está en Coyoacán. Los comerciantes son súper amables y respetuosos; la mejor parte es que, como turista, puedes impulsar ese tipo de economías artesanales a través de tus compras, y eso siempre me ha parecido un buen gesto.

Finalmente, puedo decir que hicimos fotos increíbles y memorables; visitamos lugares fantásticos; caminamos; nos mezclamos entre los locales; estuvimos seguros en todo momento; fuimos bien recibidos, bien atendidos y bien despedidos.

Mi amor por México nació de un evento muy oscuro en mi vida, pero hoy, a través de estas letras, recuerdo con cariño nombres como Germán, Fito, Nancy, Héctor (con quien he compartido dos conciertos de Enrique Bunbury en Bogotá), Mónica, entre otros: todos ellos, amigos, estudiantes y personas que he conocido a lo largo de mi vida.

Cierro este post con un pedacito del coro de una de las canciones que se inmortalizó en la voz de Vicente Fernández: “Tú tenías mucha razón, le hago caso al corazón y me muero por volver… Y volver, volver, volver a tus brazos otra vez; llegaré hasta donde estés”. ¡México y mexicanos queridos del alma! Gracias por su amistad, respeto y cariño.

Te invito a hacer “scroll down” para ver algunas de las imágenes de mi paso por México y ver el video de mis impresiones sobre este increíble país.

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Algunas de las fotos que tomé en CDMX.

Galería de imágenes e instantáneas en algún lugar, en algún momento.

OASIS live.

Pronto conocerás los detalles de este gran concierto.
Mi Blog

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Una ventana personal de relatos, análisis y opiniones que abarcan diferentes cuestiones sobre viajes, películas, música y cosas de carácter más serio que buscan conectar e inspirar a otros.

Mi vida y el Clonazepam.

Mi vida y el Clonazepam.

Mi vida y el clonazepam.

En las primeras 5 entradas que he subido a este blog, me he dedicado a postear temas relacionados con: futbol, viajes, música, películas y geopolítica. Hoy dedicaré este post a la salud mental, “mi salud mental”.

Para poder hablar a título personal sobre este tema, tengo que hacer una catarsis retrospectiva; quizá, de esta manera, pueda justificar por qué rayos tengo una relación tan particular con este medicamento.

Franja de Gaza hoy.

Franja de Gaza hoy.

Cuando pienso en Gaza después del 7 de octubre de 2023, no lo hago como analista, ni como político, ni como experto militar; tampoco como periodista, porque no lo soy, ni siquiera sé cómo citar correctamente. Lo hago como una persona normal que ve las noticias, que se confunde, que se indigna por lo que pasa aquí o allá y que, al mismo tiempo, intenta sostener dos ideas a la vez:

1. Lo que hizo Hamás en Israel fue un acto brutal e injustificable.
2. La respuesta del gobierno de Netanyahu ha convertido la vida de millones de palestinos en una tragedia humanitaria casi imposible de describir.

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The man in the high Castle.

The man in the high Castle.

Lo primero que tengo que decir sobre este post es que lo escribiré con guantes de seda, a fin de evitar cualquier spoiler que pueda arruinar la curiosidad de aquellos que quieran darle una oportunidad a esta especie de drama. Dicho lo anterior, la primera vez que me topé con The Man in the High Castle, serie basada en la novela de Philip K. Dick, no fue por recomendación ni por casualidad. Simplemente me encontraba haciendo zapping dentro de mis plataformas de streaming y encontré esta joya de “historia ficción y distopía”.

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